Durante años, la testosterona ha sido considerada la causa primaria de la agresividad en los hombres. Este mito ha sido perpetuado por una visión simplista que relaciona altos niveles de testosterona con un comportamiento más impulsivo y violento. De hecho, muchos estudios han demostrado que la relación entre testosterona y agresividad no es tan directa como se pensaba.
La realidad es que, si bien la testosterona puede influir en el aumento de comportamientos competitivos y de dominancia, también está vinculada con características como la confianza, la motivación y la capacidad para enfrentar desafíos, sin necesariamente inducir agresión.
¿La testosterona aumenta la agresividad?
Tener unas adecuadas concentraciones de testosterona en sangre “es necesario para el buen funcionamiento del sistema cardiovascular, del sistema inmunológico, de los huesos y de un equilibrado estatus cognitivo y emocional”, apunta Antonio Hernández Armenteros, médico, especialista en Medicina Estética y autor del libro Testosterona. La hormona de la vida.
¿Dónde se sitúan los niveles óptimos? Según Peinado, “la mayoría de los adultos sanos tienen niveles de testosterona entre 270 y 1,070 nanogramos por decilitro (ng/dL), por lo que 300 ng/dL es el umbral para un diagnóstico bajo de testosterona”. Es importante señalar que estos niveles fluctúan durante el día, es decir, “los más altos están alrededor de las 8 de la mañana y los más bajos sobre las 9 de la noche, razón por la que los médicos solicitan las pruebas de testosterona en las primeras horas de la mañana”, detalla Peinado.
Me encanto el hecho que desmintieran que la testosterona es una simple 'hormona de la agresividad', ya que leemos que la testosterona promueve respuestas sociales adaptativas, como el liderazgo o la competencia pacífica.
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